No deseo el suicidio, sólo lo merezco.
Pero no puedo componer ni mi propio réquiem. Seré olvidado. Lo se.
Seré olvidado.
Por suerte, nadie lee mis palabras.
Sólo yo, solo, disfrutaré de su belleza y, sobre todo, me reiré de
su fealdad. Joder, me rio de mi nombre. De mi nombre, de mi estúpido
seudónimo, de mis faltas de ortografía... de ese gilipollas al otro
lado del espejo que alguna vez creyó ser amado. Debería escribir
desde el cuarto de baño. Allí, la realidad se desnuda a voluntad.
He hecho cosas terribles en el cuarto de baño. Cosas horribles. Las
merecía todas, no me arrepiento de nada.
Por suerte, tú no lees mis palabras.
Porque hay niebla ahí fuera. Por eso. Porque soy una pústula, un
despreciable grano en una cara que merece ser bella, en una vida que
debería ser feliz. Y ahí, justo ahí, estoy yo, con mi pus
repugnante brotando de todos y cada uno de los poros de mi piel,
vomitando. Debería besarte, y tan solo soy capaz de vomitar en tu
interior cuando tú lo haces.
Te estoy haciendo daño. Mis manos
huelen a ti... los dedos que con torpeza golpean estas teclas te han
tocado no hace ni una hora. Me siento como un asesino, mis manos
imprimieron sus huellas en un cadáver, que ahora se está pudriendo
en el sueño de la muerte.
Sueño con la muerte. He olvidado si
era el problema o la solución. Deseo ir al infierno, creyendo que
con estupideces se llega al cielo. Deseo estar muerto porque desearía
no estarlo jamás.
Voy a encender la maquina.
Temo las voces. Resuenan como eco de
callejón... como orquesta de cloaca, como oriental flor rasgada. Los
intelectuales recuerdan que solo las amenazas están garantizadas.
Tantas veces estuvo a mi alcance... mis sentimientos primarios son
ahora anónimos. Debo recurrir a la última carta... debo jugar una
mano que hace tiempo que he quemado... como si pretendiera salir
ganando. Eres ilícito... viento, pensamiento ¿acaso importa? ¡Igual
el olvido te ahoga! Cerca, más cerca... persigo el horizonte...
lejos, lo quiero lejos... ser artista, ser amado... ¡Debería ser
olvidado! Curiosas contracciones de éxtasis me disponen al estado
óptimo... el dolor será un adorno, quemarme, arrastrarme en este
singular cemento... negro. Criaturas jubiladas en la antesala del
infierno me aguardan. Caras deformes me acosan... me fustiga el
mañana y el ayer me empuja hacia atrás... hacia el futuro, ningún
lugar, sin causa para vivir, sin tiempo para amar. Muerto en vida,
libertino sin libertad. Conseguía dosis de excesos en tristes noches
de tormento interior... vergüenza.... Allí donde todo optimismo se
esfume... de esa cara a puñetazos borraré esa sonrisa hipócrita...
o romperé el espejo para comer sus cristales ¿Que importa?
Temo el día en el que pierda el miedo
al dolor. Se lo que haré. Deformaré mi cara, agujerearé mis
mejillas... Ahora lo veo claro ¡Un momento de lucidez! ¡Ojalá leas
mis palabras! Creerías que estoy enfermo. Oh si, lo digo en serio...
desearía que vieras esto. Espero que te advirtiera sobre... todo.
Porque... no deseo seguir adelante. Seguir adelante parece ser
quedarse quieto mientras el mundo avanza a tu alrededor. La vida se
parece a ir en metro. Da igual quedarte quieto en tu vagón o avanzar
al primero... el destino hasta que te bajes será el mismo. Pero no
me puedo conceder ni el capricho de morir como un genio, debo
permanecer vivo.
Voy a mirarme al espejo.
He vuelto. Te voy a contar lo que he
visto.
He visto a un chico muy feo. Podría
ser más feo, pero podría estar más delgado también. Tiene algo de
insecto, de ratón... o de pez pasado. Tengo cara de pescado pasado.
Y apesto igual. Te diré que he visto. He visto mucha cobardía, y el
váter muy de cerca, con otra perspectiva ¿me entiendes? Estaba
sucio, y olía mal. No como yo, a pescado pasado; olía a pis y a
lejía. Imagino la orina y el vapor, saliendo a la vez de varios
coños y pollas, sin parar, inundando el cuarto de baño. Años de
pis, mierda y lejía. Así olía. Pero no era por lo visto suficiente
para vomitar.
He visto dos dedos, pegados, y húmedos,
lubricados. ¿Sexo? No, mucho mejor. Belleza. He visto dos dedos
juntos y untados en saliva. Y si los separaba, hilos de baba los
mantenían juntos...
Y que mal visto... no puedo comprar
mejor ropa. El negro, debería ser más negro. Me gustaría vestir
algo tan negro que desapareciera... no ser visto. Algún taxista con
prisa ahí fuera me solucionaría los problemas.
Lavarme los dientes... pero ¿No sería
divertido cambiar el cepillo por un cuchillo? Hacia adelante, hacia
atrás, sin parar, rodajas caerían al suelo... Grasiento embutido
sangrante... ¡que relajante! Cepillarse los dientes con un cuchillo
es como tocar un violín.. ¡un martirio!
Suenan muchas
explicaciones, de las que no me importa ninguna. Quiero lo que sea...
Ahora... ahora que voy a imitar con mi descanso a nuestro señor
Jesucristo, ese hijo, haz que mañana despierte como el en la vida
eterna.
Amen.